Liberalismo y Relaciones Internacionales

Archivos mensuales de abril, 2013

Hace apenas unas semanas, el equipo de estudios del Banco Central Europeo publicó el informe “Composición fiscal y crecimiento a largo plazo”, elaborado por los economistas António Afonso y João Tovar Jalles. Las conclusiones son ciertamente interesantes para los debates intelectuales y controversias político-económicas que se están dando en Europa.

El informe toma datos de países desarrollados para el periodo 1970-2008, y concluye que “el aumento de los ingresos públicos no tiene impacto en el crecimiento mientras que el aumento del gasto público tiene efectos negativos para el crecimiento”. Ampliando el estudio al resto de la OCDE, Afonso y Tovar Jalles encuentran que tanto el aumento de la recaudación fiscal como el aumento del gasto público se traducen en menores ratios de crecimiento del PIB per cápita.

Hablando del aumento de los ingresos, Afonso y Tovar Jalles determinan que los impuestos más dañinos son los que se aplican de forma directa a las rentas personales y empresariales, lo que parece apoyar la tesis de quienes piden rebajar dichos tributos y volcar la recaudación hacia la imposición indirecta. El estudio también señala que su efecto es más dañino cuanto más se aleja el déficit público del umbral del 3% del PIB fijado por el Pacto de Estabilidad y Crecimiento.

En cuanto al gasto público, Afonso y Tovar Jalles determinan que el aumento del gasto y los subsidios no solamente no tiene un impacto positivo en el crecimiento del PIB, sino que tienen un efecto negativo. Esto coincide con un interesante informe del Fondo Monetario Internacional que determinó en 2011 que, en países con deuda pública superior al 60% fijado para la Eurozona, las llamadas “políticas de crecimiento” o “de estímulo” tienen un impacto fuertemente negativo en el crecimiento económico.

Conozca el tipo de políticas de “austeridad” que ha sacado a Canadá, Suecia, Alemania o Estonia de la crisis haciendo click aquí.

La pobreza en el mundo sigue reduciéndose de forma significativa. Así lo muestra un nuevo estudio publicado por la Universidad de Oxford, según el cual la pobreza extrema podría ser historia en dos décadas si se mantiene la tendencia de los últimos años. Entre los países donde más progreso se advierte están Ruanda, Nepal, Bangladesh, Ghana o Tanzania. Pueden saber más del informe haciendo click aquí.

Las conclusiones positivas del estudio no deberían sorprendernos: hace apenas unos días, el informe de desarrollo de la ONU para 2013 ya señaló que las ratios de reducción de la pobreza en las economías emergentes están superando todas las expectativas. La propia ONU reconoce que “el mundo está siendo testigo de un épico proceso que conduce a un nuevo balance global, con un crecimiento muy elevado en más de 40 países pobres. Esto está ayudando a sacar a cientos de millones de la pobreza, permitiendo que estas personas ingresen en una nueva “clase mundial internacional”. Nunca en la historia cambiaron las condiciones y expectativas de vida de tanta gente en tan poco tiempo y de modo tan dramático”.

Este proceso ya fue señalado por el Banco Mundial en 2008. En la siguiente tabla vemos la evolución de la pobreza medida en ingresos diarios: tanto en el parámetro de $2 dólares como de $1.25, y tanto incluyendo como excluyendo los datos de China, la foto es muy positiva.

El informe de la Universidad de Oxford arroja resultados igualmente halagüeños, pero no se centra en ingresos sino en condiciones sanitarias, educativas, etc. También bajo dichos parámetros, la era de la globalización económica se confirma como un tiempo de progreso para los más humildes.

Esto no debería conducirnos a pensar que este fenómeno es nuevo. En realidad, la pobreza ha sido una constante en la historia de la humanidad durante siglos y siglos. Solamente desde finales del s. XVIII se produjo el gran salto de prosperidad que supuso la Revolución Industrial. El proceso benefició primero a Europa, después a EEUU y ahora al resto del mundo.

Asia se sumó con fuerza al tren de la globalización en la segunda mitad del siglo XX. América Latina ha tenido altibajos, pero su rumbo se ha consolidado desde los años 80. También África camina en buena dirección, partiendo de un mayor atraso pero consiguiendo poco a poco ganar espacios a la miseria.

Frente al pesimismo de muchos, los datos son claros: el mundo va a mejor y la prosperidad global no para de avanzar. En la medida en que la economía de mercado siga avanzando y sorteando los obstáculos del intervencionismo y el socialismo, la historia seguirá confirmando el triunfo del capitalismo liberal.

Echen un vistazo a la siguiente gráfica. La línea roja muestra la evolución de ingresos del gigante tecnológico Apple, mientras que la azul refleja la factura fiscal de la compañía en Estados Unidos:

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“¡Escandaloso!”, “¡Intolerable!”. Los apóstoles de los infiernos fiscales ya han puesto el grito en el cielo, insinuando que la compañía de Cupertino está evadiendo impuestos al IRS. En realidad, nada de esto es cierto y lo único que hace la empresa fundada por Steve Jobs es aprovecharse de la competencia fiscal para así ofrecer mejores productos a menores precios. Entre las estrategias perfectamente legales que usa Apple, podemos citar las siguientes:

1. A efectos fiscales, se podría decir que la sede fiscal de Apple en EEUU está en Reno (Nevada) y no en Cupertino (California). La distancia entre ambas ciudades es de apenas 200 millas, pero en Nevada no hay un Impuesto Estatal de Sociedades mientras que en California dicho gravamen es de casi el 9%. A dicho recargo hay que añadirle el Impuesto Federal de Sociedades, cuyo tipo máximo es del 35% y supera a cualquier otro país de la OCDE. Por eso, la factura final que se paga viene siendo de 0% + 35% en Nevada y de 9% + 35% en California.

En el Estado de Nevada, Apple opera mediante el vehículo Braeburn Capital. Cada vez que se vende un producto de la compañía en EEUU, un porcentaje del beneficio se va a esta filial que luego invierte en acciones o en instrumentos financieros varios. Cuando esos impuestos rinden beneficios, pagan de acuerdo con las normas fiscales de Nevada en vez de las de California. En algo más de un lustro, Braeburn ha permitido que Apple gane $2.500 millones en intereses y dividendos derivados de estas operaciones. Cabe señalar, además, que las empresas con sede en Nevada no pagan impuestos por las ganancias de capitales.

Cisco, Harley-Davidson y Microsoft también tienen sedes fiscales en Nevada. Otras empresas buscan un tratamiento similar en el Estado de Delaware. Otros territorios de la Unión como Florida, Nueva Jersey y Nuevo México también ofrecen a las empresas un marco fiscal más amable que la mayoría de Estados. Ante semejante éxodo, California ha aumentado las deducciones de I+D que comprende su Impuesto Estatal de Sociedades, pero el panorama sigue siendo poco atractivo para cambiar la tendencia.

2. Apple evita repatriar sus beneficios obtenidos en el extranjero para evitar la doble tributación y evitar la enorme carga fiscal vigente en Estados Unidos. Por eso, prefiere financiar sus operaciones con emisiones de deuda, porque el precio de escoger esta vía es mucho menor que la factura fiscal resultante de repatriar beneficios obtenidos en el extranjero. Esos beneficios ya han sido gravados en los países en que se han generado, por lo que Apple evita pagar dos veces con este mecanismo.

3. Para minimizar su factura fiscal, Apple ha diseñado un esquema tributario conocido en la jerga especialista como el “doble irlandés con un sándwich holandés“. Esto consiste en centralizar los pagos fiscales en Europa en países como Irlanda y Holanda. Con estas bases fiscales, Apple evita pagar los elevados impuestos que aplican numerosos países a los dividendos y rendimientos del capital. La siguiente infografía explica el proceso:

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“Superannuation”. Así se llama en Australia al sistema de jubilación creado en los años 80 y consolidado hoy de manera generalizada. El modelo australiano consiste en que cada trabajador aporta el 9% de su ingreso a una cuenta personal de jubilación que luego financiará su pensión.

El aporte de los trabajadores, que aumentará al 12% en 2020, ha conseguido que los fondos acumulen ya alrededor del 100% del PIB australiano:

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El sistema se nutre de tres pilares: la contribución obligatoria, las posibles contribuciones adicionales que decida cada trabajador y el llamado “fondo de seguridad” con el que los presupuestos públicos garantizan una pensión mínima a trabajadores con ingresos excepcionalmente bajos.

Para que los costes del sistema se reduzcan de acuerdo a los adelantos tecnológicos, el modelo ha introducido el programa SuperStream. Si un trabajador termina su condición de residente en Australia, puede retirar sus fondos sin problema. La edad mínima de jubilación son 55 años aunque se está ajustando a los 60 para generaciones más jóvenes. Los aportes del Estado para las pensiones mínimas se han ajustado progresivamente para que solamente aseguren un nivel básico, evitando así que el complemento fomente aportes menores y una cultura asistencialista.

El sistema de “Superannuation” está gestionado por miles de entidades, de las que unas 350 manejan fondos de tamaño significativo. La atomización del mercado garantiza una variedad notable que permite perfilar mejor el perfil de inversión de las cuentas de ahorro. Existe incluso la posibilidad de hacer una cuenta Do it Yourself en la que el propio trabajador se puede reunir con un pequeño grupo de cotizantes y así formar su propia administración, siempre que funcione de acuerdo con las regulaciones marcadas por el organismo supervisor.

El modelo guarda similitudes con el sistema chileno, conocido por los lectores habituales de este blog. Se trata, al fin y al cabo, de un nuevo ejemplo de pensiones capitalizadas, camino que España debe explorar si queremos coger el toro por los cuernos y diseñar por fin un modelo capaz de ofrecer una jubilación digna a nuestros mayores. Basta con usar la calculadora de pensiones chilena para darnos cuenta de que mantener en vigor el paradigma actual no merece la pena.

Magnus Wiberg escribe en el Financial Times sobre la experiencia sueca con la Tasa Tobin. Ya he descrito la inconveniencia de aplicar un tributo así en ocasiones anteriores, pero creo que es conveniente recoger también las advertencias que Wiberg ha presentado a los lectores del FT.

Su artículo comienza así:

“Europa se está equivocando. En febrero, la Comisión Europea propuso una tasa a las transacciones financieras y once Estados van a implementar un gravamen de al menos un 0,1% en las operaciones de capitales y del 0,01% en las transacciones articuladas con derivadas financieras. Si alguien quiere conocer la experiencia de Suecia con este impuesto, debería saber que esta decisión es poco sabia”

Wiberg señala que Suecia introdujo la tasa en 1994 “con dos objetivos: reducir la especulación y aumentar la recaudación”. Por aquel entonces, la salida de capitales estaba también limitada por diversos controles, pero la introducción del gravamen no evitó la fuga de capitales.

Inicialmente, la tasa sueca era de un 0,5% y se aplicaba a la compraventa de acciones. Según explica Wiberg, “en 1986 se duplicó el tipo y la base tributaria se amplió para cubrir las opciones y los convertibles. El volumen de trading en la Bolsa de Estocolmo tuvo un cambio dramático. El beneficio medio cayó un 30% entre 1986 y 1987, con caídas del 60% en las 11 acciones más relevantes”.

Pero la cosa fue a peor en 1989, cuando la Tasa Tobin del país escandinavo se amplió para incluir también a los bonos. Esto redujo el número de intercambios de este tipo de productos financieros en un 85%, en línea con una caída del 98% en las derivadas relacionadas con bonos. El aumento de los ingresos tributarios no llegó al 5% de lo esperado.

Cuenta Wiberg que, “en 1990, más del 50% de los intercambios bursátiles en acciones suecas se había desplazado a Londres. Cuando la tasa se abolió en diciembre de 1991, el trading regresó al mercado bursátil de Estocolmo, con una subida del 50% en 1992”. Por otra parte, los inversores que se quedaron en Suecia encontraron formas de evitar el impuesto, trasladando la especulación que tanto detestan algunos a otros productos y mecanismos financieros.

En las páginas del FT, Wiberg explica también que “los estudios sobre el efecto de esta tasa coinciden en que redujo la liquidez del mercado, pero no su volatilidad”. Por último, recuerda que el gravamen “es difícil de definir, poco útil en economías abiertas, ineficiente para generar recaudación tributaria…” por lo que apunta que “Europa debería aprender de Suecia”.

En tiempos de incertidumbre, ausencia de reglas y discrecionalidad generalizada, predecir los movimientos de los bancos centrales se antoja casi imposible. El VP de PIMCO, Tony Crescenzi, ha firmado una interesante nota en la que asume el reto y apunta a siete indicadores que pueden ayudarnos a anticipar los movimientos de la Reserva Federal.

Esos indicadores tienen mucho que ver con los objetivos últimos del banco central estadounidense, que vienen siendo dos: maximizar el empleo y conseguir la estabilidad de precios. Hay problemas fundamentales con ambos elementos, ya que la varita mágica de la FED ni crea trabajo ni entiende que la verdadera estabilidad de precios implica, en ocasiones, su bajada.

En cualquier caso, el propósito de esto texto no es conseguir que Bernanke y sus colegas entiendan que la planificación central del dinero no nos sacará de la crisis. Por tanto, centrémonos en identificar esas siete variables que pueden anticipar algunos de los movimientos de la Reserva Federal.

Veamos: la propia FED ha señalado que la tasa de paro es uno de los indicadores que más determina sus modificaciones. El banco central estadounidense ha indicado que es optimista en este sentido pero ¿cuál es el punto en el cual se retiraría el estímulo monetario? Probablemente un nivel oficial de paro en el entorno del 6% podría ser la respuesta. En este sentido, Bernanke ha señalado que faltan años para llegar a ese punto.

La evolución mensual del empleo del sector privado, medida cada 30 días y expresada en miles de personas, es el segundo de los indicadores. La tendencia  fue claramente negativa entre 2007 y 2009, periodo que dio paso a una frágil recuperación.

En este sentido, el VP de PIMCO ha destacado que este número tiende a ofrecer mejores datos en invierno y peores en verano. Así, la posible recuperación que se habría dado entre septiembre de 2011 y marzo de 2012 quedó en evidencia entre abril y septiembre… y algo parecido podría volver a ocurrir en los próximos meses. Por eso, en este indicador tampoco parece que la FED pueda llegar a plantearse un cambio radical.

El empleo en la construcción sería el tercer indicador de referencia. Este sector tuvo en febrero su mejor mes en seis años, pero su conexión con los estímulos monetarios dirigidos al ámbito inmobiliario es tan significativa que la propia FED debería tomarse estos datos con especial cautela.

El índice mensual de nuevos desempleados también tiene especial relevancia para la FED, ya que Bernanke y su equipo están especialmente atentos a la publicación de este tipo de estadísticas. En este ámbito la tendencia sí es razonablemente positiva, lo que quizá podría invitar a la Reserva Federal a retirar parte del estímulo.

No obstante, la duración del desempleo no para de crecer. El quinto indicador lo mide en numero de semanas, y ha saltado de 20 a 40 en la última década. Es evidente que esta tendencia tiene un coste social y político muy elevado, y ante semejante panorama es probable que la FED vaya a insistir en el estímulo en vez de replegar velas y parar el helicóptero.

Casi cinco millones de personas llevan sin trabajo más de seis meses, un drama para una economía razonablemente flexible como la de EEUU. Además, al propio Ben Bernanke le gusta tomar como referencia este indicador mucho más que otros de los incluidos en este “top 7”.

La ratio de personas ocupadas/población pone en relación el crecimiento del empleo y la evolución demográfica. En este sentido, la gráfica nos muestra un panorama plano, sin recuperación de ningún tipo, por lo que la FED tenderá a pensar que es conveniente mantener el estímulo.

Por último, el número de gente que entra en la tasa de paro U-6 está también en la mente de los dirigentes de la FED. Este indicador incluye a quienes trabajan a tiempo parcial pero desean un empleo a tiempo completo, así como a las personas que han dejado de buscar trabajo porque no pueden encontrar un puesto a su medida. Los números aquí tampoco son para tirar cohetes.

Así las cosas, haciendo balance, parece evidente que ninguno de los indicadores de la FED muestra una recuperación sólida. Esto puede llevar a Ben Bernanke a pensar que es necesario mantener la apuesta por la expansión monetaria. Todo depende, al fin y al cabo, de lo que pasa por su mente: si está convencido de que la Reserva Federal puede rectificar todos estos indicadores a base de imprimir dinero, seguirá imprimiendo dinero.

El problema es que esta hipótesis es más que dudosa. A lo sumo, la FED puede atemperar los ciclos, pero desde luego que no puede rectificarlos y cambiarlos a su antojo. Peor aún, las políticas de estabilización monetaria están impidiendo una reconversión económica completa y, además, corren el peligro de generar más inflación y de inflar nuevas burbujas.

Empecemos haciendo un balance de situación. El esfuerzo tributario del español medio dista mucho de ser ligero. En realidad, la suma de impuestos y cotizaciones sociales se traduce en hacen falta 179 días de trabajo para cumplir con todas las obligaciones tributarias que impone Hacienda.

El panorama es desolador. España es el país que más subió los impuestos a los trabajadores en 2012, año en el que el gobierno de Rajoy aprobó casi 30 diferentes revisiones al alza de la presión fiscal que se unieron a todas las aprobadas por la Administración Zapatero, las Comunidades Autónomas y los Ayuntamientos.

De manera falaz, se ha intentado trasladar durante años que España tiene una presión fiscal “demasiado baja”. Frente a esta retórica hueca, los datos demuestran que nuestro país es la cuarta economía europea que más impuestos paga. Sin embargo, tantos disparates han calado hondo. El gobierno del PP, en vez de bajar los impuestos como había prometido, vende como un éxito evitar nuevas subidas de la presión fiscal. Por su parte, el PSOE basa su alternativa de gobierno en disparar la presión fiscal por más de 40.000 millones de euros.

¿Qué significa esto? Que pese a todo lo expuesto en los párrafos anteriores, ninguno de los dos grandes partidos se plantea rebajar los impuestos y dar un respiro a las familias y las empresas que tanto castigo han sufrido desde el comienzo de la crisis.

Estos sacrificios ni siquiera han servido para recortar el déficit y acabar con el despilfarro. El empobrecimiento del sector privado ha servido para consolidar un Estado gigantesco, que incumple sus objetivos de déficit de manera recurrente y que, año tras año, gasta 100.000 millones más de lo que ingresa.

A priori, esto debería haber generado un enorme rechazo entre la ciudadanía española. No obstante, el populismo de nuestros políticos ha conseguido desviar la atención, cultivando debates fiscales basados en el fomento del odio social y la crispación.

Esta estrategia se basa, esencialmente, en argumentar que las personas de mayores ingresos “deben pagar más”. A la vista de los hechos mencionados anteriormente, parece evidente que todos los españoles deberían pagar menos, pero introduciendo a los ricos como chivo expiatorio, este razonamiento cae en el olvido y el tema se centra en cómo podemos desplumar a los contribuyentes más acaudalados.

Partiendo de semejante planteamiento, se insinúa que estas personas no pagan los suficientes impuestos. En realidad, l el 1% más rico ya aporta hoy el 33% de los ingresos por IRPF, mientras que el 20% más rico genera entre el 60 y el 70% de lo recaudado. Podemos ser incluso más específicos y, de acuerdo con los datos de Hacienda que ha presentado Juan Ramón Rallo, así se distribuye la recaudación entre las personas de más ingresos:

- Del 20%, con ingresos de más de 33.000 euros/año, se recauda el 60% del total obtenido por IRPF.
- Subiendo al umbral a 45.000 euros/año, encontramos que ese 10% de la población genera el 42% de lo recaudado.
- El 5% más rico, con ingresos sobre los 60.000 euros/año, aporta el 30% de los ingresos totales por IRPF.
- El 2% más acaudalado, con ingresos superiores a los 84.000 euros anuales, genera 2 de cada 10 euros obtenidos por IRPF.
- Por último, el 1% más rico (rentas sobre los 120.000 euros/año) aporta el 16% de la recaudación por IRPF.

Esto significa que el 80% de los españoles (con rentas anuales de hasta 33.000 euros) sólo abonan el 40% de toda la recaudación del IRPF. Y, como señala Rallo, aún hay quienes “con tal de mantener nuestro hipertrofiado y manirroto sector público, piden que se continúe exprimiendo sin piedad a esos avariciosos oligarcas que cometen la insolidaria osadía de ganar algo más de 33.000 euros anuales. Sólo hay un problema: a la gallina de los huevos de oro cada vez le quedan menos plumas y, en todo caso, ya lleva tiempo buscando gallineros regentados por zorros algo menos voraces”.

Sobre este tema es importante recordar también que los criterios según los cuales se mide la “riqueza” en España son del todo arbitrarios: siguiendo el discurso habitual de la izquierda, las rentas altas vienen siendo las que ganan entre 21.000 y 31.000 euros.

Pero estos datos rara vez forman parte del debate. Y así estamos, perdiendo el tiempo en discusiones y polémicas vacías que siguen retrasando  las reformas que necesita España para salir de la crisis. “Los ricos” son la excusa. Los políticos son el problema.

La siguiente gráfica toma el periodo 1790-2012 y compara el número de crisis financieras que han sufrido a lo largo de su historia Estados Unidos y Canadá:

OB-WZ795_USCAN_E_20130409170920La comparación es de lo más llamativa. Mientras que EEUU ha vivido una docena de “shocks” en su sistema financiero, Canadá se ha mantenido indemne a este tipo de turbulencias. ¿A qué se debe semejante discrepancia? Esa es la pregunta que ha intentado responder Charles Calomiris, economista de la Universidad de Columbia.

Si quieren consultar sus hallazgos al detalle, pueden hacer click aquí. Si prefieren una síntesis del trabajo, quédense con mi resumen del reportaje que ha publicado el Wall Street Journal sobre esta cuestión.

Cuando Canadá se convirtió en una colonia británica, la mayoría de la población tenía orígenes franceses y recelaba de sus nuevos gobernantes. Para asegurarse el control del territorio, los británicos orientaron la estructura política de la colonia hacia un paradigma basado en la limitación de poderes.

El resultado fue un sistema de gobierno que reduce los aspectos de la economía que están abiertos a la regulación y la consideración política. Hablamos, por tanto, de un sistema anti-populista, algo característico de los grandes modelos de democracia liberal. Bajo semejante régimen, ni siquiera las mayorías lo tienen fácil para tomar el control de la política económica con ánimo de orientarla hacia sus preferencias.

Este escenario habría conseguido una separación mucho más efectiva de las decisiones financieras y los intereses políticos, algo que no ocurre en Estados Unidos, donde los intereses especiales conducen la regulación y el funcionamiento del ámbito bancario hacia consecuencias anti-económicas.

En Estados Unidos, Calomiris interpreta que las alianzas entre políticos y grupos de interés convierten a la banca en una herramienta de acción política. Esto permite responder a determinadas reivindicaciones sociales… pero con el coste de una mayor inestabilidad. Por otro lado, el economista subraya que los países que se acercan más al ideal canadiense son Australia y Nueva Zelanda.

¿Qué ha fallado en Estados Unidos? Según Calomiris, desde 1990, existe una coalición entre colectivos sociales, grandes bancos y políticos que viene cebando la burbuja inmobiliaria. Los cambios regulatorios destrozaron a las entidades financieras pequeñas y medianas, consolidando a la gran banca. Y esa banca que quedó no es libre, sino que tiene que actuar de acuerdo con esos intereses anti-económicos que crearon primero una burbuja y luego, como consecuencia, una crisis.

Cabría apuntar que esta tendencia viene de mucho antes. Ya en los años de Roosevelt se relajaron muchas de las normas que ahora han llevado a la crisis a Estados Unidos. No obstante, el argumento volvería a ser lo mismo para aquellos casos: el error vino de distorsionar el mercado financiero para ponerlo al servicio de la política.

valores de hierroValores de hierro: recordando a Lady Thatcher” es un libro breve que pretende hacer memoria del paso de Margaret Thatcher por el gobierno de Gran Bretaña. La histórica dirigente conservadora fundió conservadurismo y liberalismo para reordenar por completo la plataforma electoral de la derecha política del Reino Unido. Dio la batalla de las ideas mientras ejerció un liderazgo firme que redujo el peso del Estado, aumentó la libertad empresarial y controló la inflación desbocada.

Heredó un país enfermo, rescatado en dos ocasiones por el FMI y sumido en una crisis marcada por la radicalización sindical y el inmovilismo gubernamental. A cambio, entregó un país en expansión, admirado en el mundo como ejemplo de reforma y adaptado por fin a las exigencias de la globalización económica. Este breve libro hace balance de todo aquello, ponderando también sus decisiones en materia de política exterior y evaluando además algunos episodios interesantes de su trayectoria personal.

Pueden descargar “Valores de hierro” haciendo click aquí.

Cuando Margaret Thatcher abandonó el poder, una de sus principales batallas era mantener a Gran Bretaña fuera del euro. Su autobiografía, publicada en 1993, resulta casi profética a la hora de anticipar el destino de la moneda única europea. Ya en 1990, la Dama de Hierro creía que introducir una misma divisa en todo el continente sería un fracaso “por la imposibilidad de acomodar a grandes potenciales industriales como Alemania junto a pequeños países como Grecia”.

Thatcher anticipaba entonces que el recelo teutón a la inflación contrastaría con las “ineficientes economías” de los países más pobres de Europa, amigos de políticas monetarias más expansivas. Esta visión resultaba impopular entre políticos y académicos, pero contaba con el apoyo mayoritario de los británicos, que hoy siguen fuera de la Eurozona.

La integración económica según Thatcher

En declaraciones exclusivas con Libre Mercado, el ex asesor de Thatcher Patrick Minford ha señalado que “Europa se encamina hacia una pesadilla” y que, tal y como avanzó la Dama de Hierro, el proyecto de integración continental está legitimando “más socialismo, pero por la puerta de atrás. Todo lo que llega de Bruselas es más regulación y menos mercado”.

Esta deriva europea, caracterizada por menos libertad económica, más gasto público y más impuestos, fue anticipada por Thatcher en discursos como el que pronuncio en la ciudad belga de Brujas, allá por 1988. Entonces, Thatcher destacaba que “trabajar más estrechamente no requiere de un mayor poder centralizado en Bruselas”.

Thatcher creía que era irónico que, justo cuando se estaba demostrando el fracaso del centralismo y la planificación soviética, muchos líderes europeos negaban la necesidad de mantener el poder disperso entre los países miembros. Por eso, la Dama de Hierro entendía que la Unión Europea y la moneda única podían ser una especie de “caballo de Troya” en la batalla por reducir el peso del Estado en nuestras vidas y nuestros bolsillos.

“No hemos hecho retroceder las fronteras del Estado en Gran Bretaña sólo para ver cómo se vuelven a imponer, a escala europea, con un Super-Estado ejerciendo un nuevo dominio desde Bruselas”, decía la dirigente británica a finales de los 80.

Thatcher, cuya visión económica estaba enormemente influenciada por su amistad con F. A. Hayek y Milton Friedman, también instaba frenar la voracidad regulatoria de las instituciones europeas y a eliminar las barreras al comercio exterior, dos asignaturas aún pendientes.



Diego Sánchez de la Cruz es periodista especializado en Economía y Relaciones Internacionales y miembro del Instituto Juan de Mariana. Completó su licenciatura en la Universidad Antonio de Nebrija (Madrid) y la Universidad de San Diego (EEUU), y es Máster en Relaciones Internacionales por el Instituto de Empresa (IE). También ha completado estudios de Postgrado en la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) y la George Washington University. Las opiniones reflejadas en este blog son personales.




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