Liberalismo y Relaciones Internacionales

Archivos mensuales de marzo, 2013

docDesde el estallido de la crisis se ha hablado mucho de “austeridad”… pero rara vez se ha concretado qué entendemos exactamente por dicho término. Esta falta de precisión no es baladí, ya que históricamente han existido dos tipos de austeridad diametralmente opuestos. Por un lado está la austeridad pública, consistente en la reducción del gasto total del Estado; por otro está la austeridad privada, consistente en el aumento de los ingresos fiscales.

Ambos enfoques aspiran a equilibrar presupuestos, reducir deuda y superar la crisis pero ¿significa esa igualdad de aspiraciones una igualdad de resultados? En absoluto: la Historia ha demostrado una y otra vez que solamente los buenos programas de austeridad pública consiguen de forma efectiva y rápida los objetivos antes mencionados.

Para analizar estas y otras cuestiones he preparado un ensayo breve que, a modo de panfleto liberal, analiza las políticas anticrisis aplicadas en Europa durante la Gran Recesión. El texto también explica las políticas de austeridad pública con las que Alemania, Suecia, Canadá y Estonia han conseguido recuperar la senda del crecimiento.

Pueden descargar el documento haciendo click aquí.

Aunque la crisis económica que sacude a Occidente ha generado desesperanza y sufrimiento entre millones de personas, lo cierto es que si analizamos el panorama socioeconómico a nivel global nos encontramos con una situación mucho mejor de lo que podría parecer a primera vista. De hecho, hay quienes argumentan que 2012 fue el mejor año de la Historia por razones de peso como la reducción de la pobreza, la mejora de la salud o la expansión de las libertades a nivel mundial.

Esta apreciación tan políticamente incorrecta no debería resultar tan desconcertante a quienes siguen de cerca las cuestiones del desarrollo económico internacional. Como señala Pablo Rodríguez Suanzes en El Mundo, “hace ahora un año, supimos que, por primera vez, el número de pobres se está reduciendo en todas partes. No sólo en los países ricos, sino en Asia, América Latina y también en África”.

Semejante hito pasó de puntillas por buena parte de los medios de comunicación internacional. Una feliz excepción fue Libre Mercado, donde Ángel Martín firmó un interesante reportaje sobre el informe del Banco Mundial. De aquella pieza conviene rescatar el siguiente gráfico, en el que vemos la positiva evolución de la tasa de pobreza según los diferentes umbrales de referencia (ingresos de $2 o $1.25 dólares al día).

Las estimaciones del Banco Mundial son contundentes. Si en 1981 el 52% de la población mundial vivía bajo el umbral de la pobreza, hoy ese porcentaje se ha visto reducido hasta el 22%. Esta reducción es significativa porque ni siquiera Naciones Unidas contemplaba una evolución tan positiva. Así, los “Objetivos de Desarrollo del Milenio” aspiraban a que la pobreza se hubiese reducido a la mitad entre 1990 y 2015, pero la meta se ha conseguido con años de adelanto.

Estudios independientes a la ONU venían anticipando esta tendencia desde hace años. La Brookings Institution, uno de los centros de investigación más influyentes del mundo, estima que, en realidad, el objetivo de reducir la tasa mundial de pobreza a la mitad ya se cumplió en 2008. De acuerdo con el influyente informe de Laurence Chandy y Geoffrey Gertz, y pese a las turbulencias derivadas de la Gran Recesión, hay motivos para pensar que, entre 2008 y 2015, la tasa mundial de pobreza podría reducirse de nuevo a la mitad.

La importancia de la globalización económica en esta auténtica revolución del desarrollo es significativa. Como recuerda Pablo Rodríguez Suanzes en El Mundo, “entre 1980 y 2010 los países en desarrollo han aumentado su participación en el comercio mundial, pasando de un 25 a un 47%“. En esta línea, economistas como Guy Sorman recuerdan que, en línea con la expansión del capitalismo en el mundo, “la pobreza absoluta se encuentra “en vías de regresión desde 1970″. Algo parecido ocurre con la desigualdad, hoy mucho inferior que en 1950.

Cierto es que la ONU y numerosas ONGs rara vez identifican la libertad económica como una fuerza de bien para la reducción de la pobreza, pero poco a poco son más voces las que alzan la voz frente a la corriente intelectual dominante. Tristes fracasos como el de Haití confirman esta tendencia. Si a Vd. aún le queda alguna duda sobre las fuentes de la prosperidad, lea a Bill Easterly, Gustau NerínDambisa Moyo o Xavier Sala i Martín. O si prefiere quedarse con la opinión de una estrella del rock comprometida con la lucha contra la pobreza, preste atención a lo que opina el vocalista de U2, Bono:

“La ayuda es sólo un parche, el comercio y el emprendimiento capitalista sacan a mucha más gente de la pobreza, por supuesto”

Cambiar el nombre de la divisa venezolana al “bolívar fuerte” parecía un mal chiste en 2007. Años después, en 2013, este “cambio de marca” se antoja casi grotesco si tenemos en cuenta la debilidad de esa moneda supuestamente “fuerte”.

En febrero de 2013, el régimen de Hugo Chávez devaluó su moneda por séptima vez, rebajando el tipo oficial de cambio de 4.3 a 6.3 bolívares por cada dólar. Muchos analistas se alarmaron ante el titular de la noticia, quizá ignorando que, en realidad, el tipo oficial no refleja en absoluto el valor que da el mercado a la moneda venezolana. Así, pese al tipo de cambio oficial de 6.3/1 que ha establecido el chavismo, los venezolanos saben bien que la relación entre ambas medidas anda más bien por el 25/1.

Pese a la muerte del líder socialista, su legado sigue persiguiendo a Venezuela, y la inflación es parte de esta herencia. El régimen chavista acumuló una inflación del 528% entre 2003 y 2011, para después firmar un alza de precios del 20% en 2012. La previsión para 2013 es aún peor: se estima una inflación del 30%.

La escasez de alimentos es la norma en Venezuela, pero los controles de precios y la irresponsabilidad monetaria hacen que este problema sea aún más grave. El gobierno ha evitado el malestar social extendiendo subsidios y programas gubernamentales que serán insostenibles cuando baje el precio del petróleo.

¿Qué puede hacer Venezuela para contener su inflación y tener un escenario monetario más estable? Existen diferentes propuestas que, con ventajas e inconvenientes, mejorarían el escenario actual. Por un lado, Venezuela podría imitar la exitosa dolarización ecuatoriana; por otro lado, el país podría dejar de fijar su tipo de cambio y ponerlo en relación con una cesta de divisas compuesta en un 75% por el dólar y en un 25% por el precio del petróleo.

En cualquier caso, aunque ambas iniciativas serían preferibles a mantener la irresponsabilidad monetaria chavista, la solución idónea sería la desnacionalización del dinero, para que familias y empresas pudiesen conducir sus operaciones diarias en la divisa que elijan.

Tras el éxito de “Fraude: Por qué la Gran Recesión” llega “En defensa del euro”, otro interesante documental sobre la compleja situación económica que vive Europa.

¿Cabe hacer una defensa del euro desde el punto de vista liberal? Siempre que sea con matices, podemos decir que sí. Aquí tienen mi aproximación al tema y aquí la argumentación de Jesús Huerta de Soto sobre la cuestión.

La retórica de la Administración Obama sobre el llamado “secuestro presupuestario” ha identificado este recorte automático del gasto como un ajuste “brutal”. En realidad, tal y como muestra la siguiente gráfica, la aplicación de esta serie de ajustes ni siquiera reduciría los presupuestos federales, sino que sencillamente limitaría ligeramente su ratio de crecimiento.

Otra gráfica similar, elaborada por Veronique de Rugy para el Mercatus Center de la George Mason University, confirma esta situación:

Entre 2013 y 2021, el “secuestro presupuestario” seguiría contemplando un aumento del gasto equivalente a $2 billones (sí, billones con “b”) de dólares. No aplicar el ajuste automático elevaría la cifra a $2.1 billones, por lo que la diferencia entre uno y otro escenario es casi inexistente.

Como ha demostrado el Instituto CATO, los ajustes que sufriría el presupuesto de defensa llevarían el gasto total del departamento hasta niveles de 2006, año de máxima actividad militar en Irak y Afganistán. En comparación con China, que maneja el segundo mayor presupuesto de defensa del mundo, el gasto de Estados Unidos en este ámbito es casi seis veces mayor. Es evidente, por tanto, que no cabe interpretar este ajuste como un riesgo para la seguridad nacional.

Peor aún es la situación de los programas de “gasto social”: si en 2010 ya sumaban el 10%, en 2020 habrán alcanzado el 12,1% y en 2030 superarán el 15,3%. El cuadro demográfico hace que la situación no sea tan grave como la de Europa, pero el colapso del Estado del Bienestar también acabará llegando a Estados Unidos. Así lo entiende hasta el mismísimo Paul Krugman, que ya en 2010 se vio obligado a reconocer que el actual nivel de gasto solamente se sostendrá a medio y largo plazo limitando la Sanidad pública y creando un IVA federal.

De hecho, aunque ya hemos señalado que el presupuesto de defensa debe reducirse, el verdadero elefante en la habitación es el “gasto social”, que acumula una parte cada vez más grande del gasto federal:

Tampoco la Seguridad Social estadounidense goza de buena salud, ya que entró en déficit en 2010 y, a falta de reformas estructurales, la situación no mejorará:

Cabe señalar, por otra parte, que el montante total del “secuestro presupuestario” para 2013 asciende a $85.300 millones de dólares, cifra 1,7 veces inferior al impacto que tendrán en la economía las diferentes subidas de impuestos aprobadas recientemente por la Administración Obama. Lo vemos en la siguiente tabla comparativa:

Y mientras Washington sigue sin tomarse en serio la necesidad de reducir drásticamente el tamaño del Estado para relanzar el crecimiento de la economía, la deuda pública real ya supera el 100% del PIB y el déficit solamente se financia monetizando las emisiones del Tesoro.



Diego Sánchez de la Cruz es periodista especializado en Economía y Relaciones Internacionales y miembro del Instituto Juan de Mariana. Completó su licenciatura en la Universidad Antonio de Nebrija (Madrid) y la Universidad de San Diego (EEUU), y es Máster en Relaciones Internacionales por el Instituto de Empresa (IE). También ha completado estudios de Postgrado en la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) y la George Washington University. Las opiniones reflejadas en este blog son personales.




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