Liberalismo y Relaciones Internacionales

Archivos mensuales de enero, 2013

Desde el comienzo de la crisis, la Seguridad Social ha visto aumentar sus desembolsos anuales en un 35%. La factura de las pensiones en 2013 superará a la de 2007 en 27.000 millones de euros. Solamente en el mes de enero del presente año se registran pagos que sobrepasan en 2.000 millones de euros los datos de comienzos de 2007.

Según el Ministerio de Empleo, España tiene hoy nueve millones de ciudadanos con derecho a pensiones contributivas: 5,2 millones de jubilados, 3,2 millones de personas viudas, un millón de pensionistas por incapacidad permanente, casi 300.000 huérfanos y cerca de 38.000 ciudadanos con pagas a favor de familiares.

Las proyecciones demográficas confirman que estos datos irán a peor conforme pasen los años. Solamente entre 2007 y 2013, el número de jubilados aumentó en medio millón de personas, un crecimiento superior al 10%. Durante ese mismo periodo, la pensión percibida por dicho colectivo ha subido un 26,5%.

Debido a la elevada tasa de paro que afronta España, la afiliación a la Seguridad Social ha caído significativamente: hoy tenemos 16,3 millones de cotizantes sosteniendo las pensiones de 8,1 millones de jubilados, una ratio de 1,9 que no se había visto desde mediados de los años 90.

Por aquel entonces, España se tomó en serio la necesidad de replantearse su sistema de pensiones. Es evidente que el actual modelo de reparto no se sostendrá con el paso del tiempo si no se reducen beneficios y se retrasa la edad de jubilación, pero es evidente que estas recetas solamente son parches destinados a enmendar las carencias de un sistema manifiestamente mejorable.

Existe una alternativa que merece la pena explorar: el sistema de capitalización de las pensiones que Chile implementó hace décadas y hoy está siendo adoptado total o parcialmente por decenas de países. Su artífice José Piñera ya anunció en 2004 que el actual sistema de pensiones podría convertirse en una “bomba de relojería capaz de hundir el euro”.

¿En qué consiste el sistema chileno? En esencia, cada trabajador aporta el 10% de su salario a un fondo de ahorro que gestionará la entidad que él elija, siguiendo criterios de inversión que bien pueden ser de bajo riesgo o bien pueden tener un perfil más arriesgado, de acuerdo con la preferencia de cada cotizante.

De esta forma, el vínculo entre trabajo y recompensa ya no se modifica con criterios políticos y, además, el ahorro para la jubilación se beneficia del interés compuesto. En 2012, la variación del valor de los fondos de pensiones creció, de media, un 10,2%. Analizando el periodo 2002-2012, las ganancias oscilaron entre el 3,87% de los fondos de corte conservador y el 6,74% de los fondos más expeditivos.

El cotizante chileno puede cambiarse de gestora en cualquier momento. También es libre de modificar el perfil de riesgo de su fondo de pensiones. El Estado complementa las pensiones con una serie de subsidios y ayudas a quienes no hayan cotizado lo suficiente como para obtener una jubilación por encima de determinados niveles mínimos.

Aunque el sistema de capitalización es voluntario, el porcentaje de trabajadores chilenos que accedió a este mecanismo para mejorar su jubilación ya era superior al 90% en los primeros años de funcionamiento. Los resultados del experimento son un claros: la rentabilidad real media del principal fondo supera el 9% anual.

Para España, los cálculos de Albert Esplugas son reveladores: capitalizar las pensiones permitiría cobrar una jubilación media de 3.500 euros mensuales tras 30 años de trabajo. La cifra ascendería a 7.500 euros después de cuatro décadas de ocupación. Si bien dicho cálculo se basa en una cartera de valores de perfil medio, la rentabilidad podría ser mayor o menor dependiendo del fondo escogido. Por ejemplo, el principal vehículo de pensiones de Bestinver acumula una rentabilidad superior al 82% desde su creación en 2004.

Pese a los retos que plantea semejante revolución, los beneficios de un sistema así son notables:

- Los pensionistas dejarían atrás un sistema que apenas genera pensiones equivalentes al 40% o 50% del salario medio. Su mayor poder adquisitivo fortalecería al resto de la economía, en términos de ahorro, consumo e inversión.

- El debate político dejaría de lado la cuestión de la jubilación, acabando así con la posibilidad de emplear las pensiones como arma arrojadiza y reduciendo enormemente la discrecionalidad del sistema.

- Empresas y trabajadores se beneficiarían de cotizaciones sociales más bajas, ya que el sistema de capitalización funciona con aportaciones comprendidas entre el 10% y el 20% del salario.

- Por último, cabría empezar a hablar de España como una sociedad de propietarios en la que cada trabajador se interesaría más por aspectos como el ahorro, la inversión, etc.

Numerosos países han incorporado ya elementos del modelo chileno. Los trabajadores y pensionistas de Colombia, Polonia, Croacia, Hong Kong, Suecia, Australia o Perú se benefician hoy de elementos que o bien replican la propuesta original de José Piñera o bien incorporan aspectos paralelos a la misma. Es hora de que España coja el toro por los cuernos y se sume al club.

Para saber más sobre esta cuestión, es recomendable visitar la web de José Piñera o seguir al artífice del modelo chileno de pensiones en su Twitter. También puede resultar de interés su propuesta de reforma para España, publicada por el Círculo de Empresarios en 1996, o sus recientes declaraciones sobre la crisis de nuestro país, publicadas por El Mundo.

Desde el comienzo de la crisis, todo tipo de voces vinculan los programas de estabilización presupuestaria aplicados en Europa con las llamadas políticas de austeridad. El relato habitual apunta que la presión de los mercados de deuda ha obligado a los gobiernos del viejo continente a reducir su tamaño de forma notable. ¿Se corresponden estos argumentos con la realidad? A continuación ponemos a prueba dichas afirmaciones recurriendo únicamente a datos oficiales de los gobiernos europeos:

La siguiente gráfica, elaborada por Veronique de Rugy para el Mercatus Center de la George Mason University, toma datos de Eurostat y muestra la evolución del gasto público en Francia, Italia, Reino Unido, España y Grecia, a lo largo del periodo 2002-2011.


Si ajustamos los presupuestos al desempeño de la inflación, el cuadro que presenta De Rugy es similar al anterior:

Cualquer lector puede comprobar estos datos de manera sencilla. Según la web oficial de Eurostat, el gasto público medio de los 27 países de la UE para 2011 fue del 49% del PIB comunitario. Esta cifra refleja aumento notable frente a la media del 46% apreciada en 2007, año del comienzo de la crisis.

De acuerdo con la contabilidad oficial, el gasto agregado de las Administraciones Públicas de la UE creció un 9,6% entre 2007 y 2011. Por cada 5.6 euros de gasto público en 2007, los presupuestos de 2011 reflejaban gastos por 6.2 euros. Si restringimos el estudio a las 17 economías de la Eurozona, el aumento fue aún más pronunciado, llegando al 11,9%. Por cada 4.2 euros de gasto público en 2007, los Estados miembros de la zona euro gastaron 4.6 euros en 2011.

La situación es aún peor si tenemos en cuenta que el endeudamiento público y los déficits presupuestarios son hoy mucho mayores que al comienzo de la crisis. Para las 27 economías de la UE, el déficit presupuestario medio en 2011 fue del -4,4%, mientras que para a Eurozona este indicador marcó un -4,1%. En lo tocante al endeudamiento, la deuda pública de los 27 países de la UE saltó del 62,2% al 82,5% del PIB entre 2008 y 2011. Para la Eurozona, el desempeño en ese mismo periodo fue igualmente negativo: la deuda pública pasó del 70,2% al 87,3%.

Hablamos, por tanto, de un escenario económico en el que la retórica no se corresponde con los datos. Desde hace cuatro años se nos ha hablado de recortes salvajes en el gasto público, cuando los datos muestran una realidad muy distinta. Si nos olvidamos de la retórica y nos concentramos en los hechos, entenderemos que la inmensa mayoría de países europeos ha combatido la crisis con rescates, “planes de estímulo”, subidas de impuestos y creación de dinero. Las liberalizaciones económicas y los recortes significativos del gasto público han brillado por su ausencia. A la vista están los resultados.

Otros enlaces de interés:

- “Austeridad privada vs Austeridad pública“.
- “Estabilizar el fracaso“.

Desde el comienzo de esta crisis se ha hablado mucho de “austeridad” sin especificar de qué tipo de políticas estamos hablando realmente. La mayoría de las economías desarrolladas que hoy están en problemas han apostado por aplicar programas de lo que podríamos llamar “austeridad privada”. Estas iniciativas han consistido en subir los impuestos a empresas y familias para así cuadrar los presupuestos públicos.

Existe otro camino, que es el de la “austeridad pública”. En este caso, los ajustes se vuelcan por el lado de la rebaja de los presupuestos estatales, por lo que el déficit se cierra a partir de ajustes en el gasto público. En esta categoría entran muchos menos países, aunque el ejemplo más recurrente es el de Estonia.

¿Qué alternativa tiene mejor resultado? Acudamos a los expertos para determinarlo. El Profesor de Harvard Alberto Alesina evalúa desde hace años los resultados de las políticas de estabilización enfocadas en el reto de equilibrar las cuentas públicas. Ya en 2007, en un trabajo publicado junto a Silvia Ardagna, Alesina demostró que, entre 1970 y 2007, aquellos países que lucharon contra el déficit bajando el gasto público salieron antes de la crisis que aquellos países en los que el ajuste se basó en las subidas de impuestos.

Para actualizar su informe, Alesina publicó en 2012 un nuevo trabajo, firmado junto con Carlo Favero y Francesco Giavazzi y centrado esta vez en las 17 economías desarrolladas que, de acuerdo con el FMI, enfrentaron este tipo de complicaciones entre 1980 y 2005. De nuevo, la conclusión fue que aquellos países que redujeron el peso del Estado en la economía consiguieron salir rápidamente de la crisis, al contrario del estancamiento que sufrieron los países que eligieron atajar sus problemas presupuestarios por la vía de la subida de impuestos.

Numerosos analistas han recordado el trabajo de Alberto Alesina en los últimos meses: desde Veronique de Rugy en Estados Unidos a Juanma López Zafra en España. Lamentablemente, parece que a ambos lados del Atlántico seguimos empeñados en repetir los errores del pasado. Quizá eso explica que ocho de cada diez intentos de reducir el endeudamiento público acaben en fracaso, como han demostrado recientemente Kevin Hassett y Andrew Biggs.

En adelante, sería deseable que nuestros dirigentes echen un vistazo a los informes citados. Una consolidación presupuestaria lograda por la vía de la “austeridad privada” difícilmente lleva a una recuperación económica. Por el contrario, una consolidación presupuestaria basada en la “austeridad pública” sí nos acerca a una recuperación efectiva.

El siguiente vídeo presenta en cuatro minutos la evolución de 200 países a lo largo de los últimos 200 años. Las variables medidas por Hans Rosling son la esperanza de vida y los ingresos per cápita.

Tal y como muestra el vídeo, y al contrario del habitual relato pesimista sobre nuestro presente, el mundo ha pasado de un estado de pobreza generalizada a un escenario mucho más próspero.

Desde la Revolución Industrial hasta nuestras fechas, los avances socioeconómicos se han concentrado en aquellos países que han puesto menos trabas a la economía de mercado. Esto nos indica que no hay mejor manera de luchar contra la pobreza en el mundo que promover el capitalismo y profundizar la globalización económica.

Aunque muchos españoles identifican Silicon Valley como un lugar en el que lanzar una empresa es fácil, lo cierto es que los obstáculos regulatorios que presenta este condado de California están empezando a convertirse en un problema. Dan Dascalescu, ex de Yahoo, forma parte de Blueseedun original proyecto empresarial que aspira a solucionar parte de estas dificultades de forma creativa: creando una plataforma en aguas internacionales para emprendedores que, por unos y otros motivos, no pueden desarrollar su start-up como quisieran. Dascalescu se ha entrevistado en exclusiva con Libre Mercado para explicar al público español su interesante propuesta. Esta es la segunda parte de nuestra charla, pueden ver la primera aquí.

P: “Blueseed” tiene muchos rasgos en común con el Instituto Seasteding, que impulsa Patri Friedman, ex Google y nieto de Milton Friedman,.

R: Somos muy buenos amigos. “Blueseed” es la primera empresa comercial que desarrolla el concepto que propone su instituto, en el que dos de mis socios ocupan cargos directivos. Resumiendo: estamos muy conectados.

Las actividades del Instituto Seasteding son sin ánimo de lucro. Su objetivo es promover la creación de comunidades en altamar para experimentar nuevas formas de gobierno e interacción social. Nosotros tomamos ese concepto y, con ánimo de lucro, lo desarrollamos de una forma orientada a crear comunidades de negocio.

El Instituto Seasteding tiene cientos de embajadores y seguidores, y trabajamos de forma paralela y en direcciones muy parecidas.

P: Obviamente su proyecto no es un proyecto ideológico, pero se le comparará o se le asocia con el liberalismo y el capitalismo de forma recurrente. ¿Es esta una plataforma de este calibre?

R: Apoyamos las ideas del emprendimiento, de la autodeterminación y la autonomía personal. Defendemos que la gente pueda seguir sus intereses sin crear daño a otros. Por desgracia, en EEUU como en otras partes, se puede malinterpretar lo que defiende el liberalismo. No somos inmunes a eso y nos preocupa que esa asociación pueda perjudicar el proyecto… pero, sin duda, dentro de nuestra comunidad no faltan los liberales y libertarios.

Solamente en una economía abierta y de mercado podremos sostener un proyecto como el nuestro, ya que nuestras start-ups tendrán que vender su producto y comerciar con el resto del mundo para obtener alimentos, bienes, servicios… Por eso no podemos dejar de abrazar estas ideas. Eso sí: podemos decir que no tenemos ninguna agenda política, porque “Blueseed” no es un movimiento político sino una comunidad de emprendedores.

P: Vd. ha señalado que el buque de “Blueseed” llevará bandera de Bahamas o de las Islas Marshall. Aquí en España se critica mucho a estas jurisdicciones, los llamados “paraísos fiscales”.

R: La razón por la que llevaremos bandera de Bahamas o de las Islas Marshall es porque existe la obligación legal de registrar el barco en una jurisdicción determinada. Por las trabas normativas que hemos comentado en la primera parte de la entrevista, no tendría sentido asumir la bandera estadounidense. Algo similar ocurriría con otros muchos países donde nos encontraríamos con una situación parecida, muchas rigideces y exigencias. No obstante hay otras jurisdicciones que sí nos permiten llevar su bandera sin excesivos requisitos a cambio.  Por eso consideramos esos dos territorios.

Hay que aclarar algo sobre este tema: hay quien que cree que por llevar la bandera de las Bahamas solamente se pagan los impuestos que exija la ley en dicha jurisdicción. En realidad, la normativa es diferente. Un estadounidense, por ejemplo, está sujeto a la imposición tributaria global. Si su empresa obtiene beneficios en otro país, deberá pagar impuestos doblemente.

Eso sí, nuestros emprendedores podrían beneficiarse de leyes que sí existen en Estados Unidos. Por ejemplo, una vez hayan completado el lanzamiento de su start-up, podrían incorporar su empresa en el Estado de Delaware, que otorga un mejor tratamiento fiscal. Pero, volviendo al comienzo de la pregunta, que el barco lleve o no una bandera no será muy determinante a la hora de pagar impuestos.

Pueden saber más sobre Blueseed en su página web, Blueseed.co.

A menudo citamos la expansión crediticia orquestada por la Reserva Federal como un ejemplo de los males que sufre la divisa estadounidense. La preocupación por el dólar no es en vano: desde la instauración de la FED, dicha moneda ha perdido más del 90% de su valor. No obstante, diferentes países se han beneficiado enormemente aprobando medidas de “dolarización”. A continuación tomamos el ejemplo de Zimbabue y Ecuador para ilustrar los beneficios relativos que puede tener esta decisión monetaria.

Repasemos primero el caso de Zimbabue. En 2008, el país africano experimentaba una hiperinflación tan salvaje que los precios se duplicaban cada 24 horas.  Por aquel entonces, un billete con 14 ceros como el que se puede ver en la imagen apenas alcanzaba para comprar 30 dólares estadounidenses…

A comienzos de 2009, la dictadura de Mugabe terminó rindiéndose: accedió a permitir la circulación de otras monedas, una práctica que por otra parte ya se producía de forma extraoficial como acto defensivo de la ciudadanía contra la horrible política monetaria del régimen.

Gracias a esta medida aperturista, la creciente circulación del dólar estadounidense en Zimbabue acabó desplazando a la divisa oficial, frenando la continua escalada de los precios y generando un clima económico bastante más amable en un país extremadamente pobre. En febrero de 2012, los datos de inflación se situaron en niveles del 3%, una rebaja sencillamente espectacular frente a los datos de hace apenas unos años.

En América Latina tenemos otro caso de éxito en Ecuador, país que abandonó su moneda nacional (el sucre) para adoptar como divisa propia el dólar estadounidense. En enero del 2000, cuando se produjo el cambio, un dólar podía comprar 25.000 sucres. Esta profunda devaluación de la moneda del país andino demuestra que, durante años, los gobernantes ecuatorianos evitaron la aplicación de reformas económicas de calado, apostando por las devaluaciones y la expansión crediticia como soluciones a corto plazo ante cualquier turbulencia.

La siguiente tabla muestra que en apenas dos años, la dolarización rebajó la inflación ecuatoriana del 90% al 10%. De hecho, durante la década posterior a la dolarización, la inflación media se redujo hasta el 6,8% anual.

Para Ecuador, esa “pérdida de soberanía monetaria” que denunciaron algunos en su día ha acabado siendo una bendición. Dejar a los gobernantes ecuatorianos sin la posibilidad de manipular la moneda nacional ha beneficiado especialmente a los más pobres, cuyo poder adquisitivo ha crecido gracias a estas medidas.

Evidentemente, un marco monetario ideal es aquel en el que no existen monedas de curso forzoso, sino divisas paralelas que circulan y compiten libremente. De esta forma, los individuos deciden a diario qué moneda quieren emplear para sus transacciones. En Ecuador no ocurre esto, pero al menos se ha impuesto un freno a los excesos monetarios de épocas pasadas.

Ninguno de los dos países mencionados conseguirá salir de la pobreza gracias a estas medidas, máxime cuando se combinan estas políticas monetarias con reformas económicas intervencionistas y proteccionistas. No obstante, el nuevo marco monetario de Zimbabue y Ecuador ha suavizado la incidencia negativa de estas decisiones.

El siguiente vídeo recoge una magnífica conferencia de Gabriela Calderón de Burgos sobre dolarización y política monetaria.

Hagan click aquí para leer aquí mi análisis de la crisis monetaria que atraviesa Argentina.

Una de las cuestiones que mejor analizó el recientemente fallecido James Buchanan es la de la “ilusión fiscal”, concepto inaugurado por el economista italiano Amilcare Puviani a comienzos del siglo pasado. ¿Qué entendemos por “ilusión fiscal”? En esencia, la subestimación del coste del Estado que se produce cuando los contribuyentes no pueden valorar con facilidad las estructuras de gastos e ingresos de las Administraciones Públicas.

A la hora de analizar los problemas de la “ilusión fiscal”, es común hablar de los impuestos indirectos. Un ejemplo de este caso lo tenemos en los países escandinavos, donde los “Estados del Bienestar” fueron creados principalmente gracias a esta vía de ingresos tributarios. Lo vemos en las dos siguientes tablas, que reflejan el peso de los impuestos visibles (línea amarilla) y los tributos no visibles (línea gris) en la recaudación tributaria total (línea azul) de dos países escandinavos: Suecia y Finlandia.

Como consecuencia de esta distorsión, la “ilusión fiscal” impide valorar de forma apropiada el coste y el retorno de los servicios públicos. Pensemos en las pensiones: como las cotizaciones sociales se “dividen” entre empleador y empleado, el coste total de mantener el sistema de reparto parece menor de lo que realmente es.

Otra forma de crear una “ilusión fiscal” es bajando impuestos y/o ampliando el gasto sin guardar la estabilidad presupuestaria. De esta forma, el contribuyente recibe  más y más beneficios sin plantearse si esto es sostenible. A menudo, los votantes premiarán a gobiernos que gastan más, no menos, pero esto nunca será sostenible a largo plazo. Es por eso que, a más “ilusión fiscal”, peores decisiones por parte de los contribuyentes y peores perspectivas financieras a largo plazo para el sector público.

El fallecimiento del Profesor Buchanan debería recordanos la importancia de las lecciones que nos deja la Escuela de Elección Pública. Recuerdo que, en marzo del pasado año, compartí una animada tertulia sobre “public choice” con mis admirados Pedro Schwartz y María Blanco. Hoy recuerdo esa interesante conversación y confío en que las enseñanzas de Buchanan, Tullock, Niskanen y tantos otros sigan iluminando nuestro análisis económico cotidiano.

Artículos de interés:

- “James Buchanan y los límites del poder político“, Juan Ramón Rallo.
- “El Ignorante Racional“, Aparicio Caicedo.
- “James Buchanan, in memoriam“, Francisco Cabrillo.
- “Política sin romanticismos“, Gabriel Calderón de Burgos.
- “James Buchanan, in memoriam“, Jesús Huerta de Soto.



Diego Sánchez de la Cruz es periodista especializado en Economía y Relaciones Internacionales y miembro del Instituto Juan de Mariana. Completó su licenciatura en la Universidad Antonio de Nebrija (Madrid) y la Universidad de San Diego (EEUU), y es Máster en Relaciones Internacionales por el Instituto de Empresa (IE). También ha completado estudios de Postgrado en la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) y la George Washington University. Las opiniones reflejadas en este blog son personales.




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