Liberalismo y Relaciones Internacionales

En defensa de los paraísos fiscales (Parte I)

Martes 10 de abril de 2012 - Diego Sánchez de la Cruz - 21 Comentarios
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Desde hace muchos años, un gran número de políticos europeos ha defendido de forma insistente la necesidad de “coordinar” las políticas fiscales de los países de la Unión, todo en aras de una mayor “armonización” tributaria. Este discurso ha cobrado más fuerza desde el comienzo de la Gran Recesión. El año pasado, sin ir más lejos, el presidente francés Nicolas Sarkozy defendió que Irlanda debería subir su Impuesto de Sociedades, y meses después, el gobierno alemán afirmó que “las políticas de convergencia tributaria deben ser estudiadas”.

Como esta visión está cada vez más presente en el discurso oficial de la Unión Europea, es importante subrayar los graves riesgos que acarrean estas propuestas para el bolsillo de los contribuyentes. Al fin y al cabo, anular la soberanía tributaria de los países miembros en aras de una mayor “integración” puede ser la excusa perfecta para que millones de europeos acaben pagando cada vez más impuestos.

Quienes promueven esta estrategia saben perfectamente que el “campo de batalla” no se limita al viejo continente, por lo que este esfuerzo intervencionista tiene una clara naturaleza internacional. Aquí entran en juego autoridades de países como EEUU, donde el IRS y el Departamento de Justicia llevan años promoviendo una agenda de auténtico imperialismo fiscal destinada a decirle a países soberanos qué tipo de políticas fiscales deberían aplicar.

También las organizaciones internacionales juegan un papel muy importante en este tema. De hecho, la OCDE, que originalmente era un ente consultivo, está asumiendo tantos poderes en esta materia que se está convirtiendo en una suerte de “policía mundial de los impuestos”.

Queda claro, por lo tanto, que hablamos de un esfuerzo político de dimensión global orientado a eliminar las diferencias tributarias entre países. Suprimiendo la competencia fiscal, los promotores de estas políticas quieren estar seguros de que ningún contribuyente pueda proteger sus ahorros, su patrimonio y sus inversiones en las jurisdicciones que conocemos popularmente como “paraísos fiscales”. Dichas demarcaciones se han convertido en la gran alternativa al paradigma que promueven los paladines de la “integración fiscal”, por lo que su defensa es la postura más sensata para quienes preferimos limitar el poder de influencia de los gobernantes sobre nuestro dinero.

Evidentemente, este esfuerzo no se limita a la política. Muchos medios de comunicación no dudan en hacer suya esta causa. Un ejemplo lo tenemos en una noticia que ha publicado recientemente El País acerca de las “polémicas finanzas de Mitt Romney”.  El diario de PRISA explicaba que el político y empresario estadounidense tiene millones de su fortuna personal en varios fondos de inversión de las Islas Caimán. Por supuesto, se trata de una estrategia financiera absolutamente legal, pero tanto el titular como el enfoque de la noticia de El País parecen invitar al lector a tomar una actitud de rechazo, sospecha y desconfianza ante lo publicado.

Con este tipo de tratamiento informativo, no es de extrañar que el debate sobre esta cuestión esté ampliamente contaminado por la corrección política y el nacionalismo económico.  ¿Consecuencia? Se extiende la convicción de que es “ilegal”, “inmoral” y hasta “antipatriótico” invertir o destinar nuestro dinero a entidades de otros países.

En este clima de populismo tributario, nacionalismo económico y dogmatismo intervencionista, muchos desconocen que incluso el término empleado para describir a estas jurisdicciones es una mala traducción del término original. Así, traducimos “tax haven” como “paraíso fiscal”, cuando en realidad significa “refugio fiscal”. Como el propio término indica, la principal misión de estas demarcaciones es ofrecer una alternativa a contribuyentes que necesitan una alternativa a la fiscalidad confiscatoria.

Ante situaciones así, no es de extrañar que el debate sobre esta cuestión sea casi nulo. Como ha explicado el británico Mark Field, diputado ‘tory’ por el distrito londinense de Westminster, la discusión habitual sobre el tema se caracteriza por una carencia total de pluralismo y una “falta absoluta de entendimiento sobre el rol que juegan los “refugios fiscales” en el mercado financiero global”.

En palabras de Field, estas jurisdicciones “no  solamente atraen a los inversores por su régimen fiscal, sino que también ofrecen una combinación de estabilidad política, seguridad legal, calidad de servicio…”. El politico británico lo tiene claro: “la armonización y la cooperación que pide la UE es simplemente un nuevo lenguaje de Bruselas diseñado para exportar modelos de alta presión tributaria a aquellas jurisdicciones donde los impuestos son más bajos”.

El enfoque planteado por Mark Field evidencia que la defensa de la competencia fiscal internacional es una forma más de promover la separación de poderes, un principio clave del liberalismo político y económico que debemos observar de una forma integral. No cabe limitar la división del poder a la mera separación de responsabilidades, pues dicho enfoque solamente especifica las diferentes atribuciones que tienen Gobierno, Parlamento y Tribunales. Por lo tanto, además del innegable componente horizontal del concepto de la división de poderes, es más importante aún conocer su profundidad vertical, pues este enfoque nos explicará la autoridad que tendrán los tres poderes del Estado sobre los gobernados.

Precisamente en solidaridad con éstos últimos entra en juego la defensa de aquellos individuos que elijan confiar su dinero a entidades financieras situadas en otros países. Mientras exista esta alternativa, la presión fiscal será siempre menor, ya que la posibilidad de protegerse ante esa ofensiva es suficiente para que los gobernantes no se atrevan a subir la presión fiscal por encima de ciertos niveles.

Otro aspecto que también se ignora a menudo es el impacto positivo que tienen los “refugios fiscales” en nuestras economías. Nadie parece tener interés en admitir que gran parte de la inversión que llega a EEUU o Europa se articula a través de entidades localizadas en este tipo de jurisdicciones. De hecho, hasta los datos oficiales del Departamento del Tesoro de EEUU prueban que los “tax havens” de la región Caribe superan ampliamente a cualquier otra región del mundo a la hora de canalizar inversiones de capital hacia el país del Tío Sam.

A la luz de estos datos, es evidente que quienes promueven el fin de la competencia fiscal internacional demuestran una mayúscula miopía política. Eliminando estos flujos de inversión, la economía nacional experimentaría un deterioro tan grave que la recaudación tributaria acabaría derrumbándose, lo que supondría un ataque directo e involuntario contra las intenciones de estos dirigentes, siempre amigos de manejar grandes presupuestos a costa de los sufridos contribuyentes.

Si este artículo ha sido de su interés, no se pierda la segunda parte, que aborda la dimensión legal, moral y socioeconómica del asunto. La conversación sigue en Twitter: #LET (Liberales en Twitter), #NoMasImpuestos.


11 Comments

  1. Rogelio's Gravatar Rogelio
    10 abril, 2012 at 16:19 | Permalink

    Solamente quería conocer un dato. El acceso a ese tipo de productos financieros es factible para cualquier ciudadano independientemente de su nivel económico o solamente acceden aquellos que tienen empresas en distintos paises y conocimientos financieros con los que poder mover el dinero de pais en pais mediante operaciones comerciales o financieras.

    Si es factible para cualquier ciudadano me parece bien. En caso contrario, me parece un privilegio de ricos. Algo parecido a los sistemas impositivos del Antiguo Régimen (antes de la revolución francesa) en los que los ricos y las clases pudientes estaban exentas de pagar impuestos.

    • 3 agosto, 2012 at 12:15 | Permalink

      Hola Rogelio: En teoría cualquier persona que cumpla las condiciones económicas que exija el gestor del Paraiso Fiscal puede llevar las rentas ahí, en la práctica como tu insinuas es un privilegio de ricos, y además genera internacionalmente una suerte de “dumping tributario” entre los paises. Claro los paraisos fiscales por su tamaño y poca demografía pueden exigir tributaciones a la renta muy bajas, caso que es imposible de igualar por parte de países más grandes y complejos.
      Saludos,
      Guillermo

  2. minombreeslegión's Gravatar minombreeslegión
    10 abril, 2012 at 16:19 | Permalink

    Me parece un poco fuerte defender los paraisos fiscales. Desde luego no son las rentas bajas y medias las que se benefician de estos enclaves, por mucho que se retuerza la cuestión; y el hecho de que en Gibraltar haya más empresas que personas me parece absolutamente inmoral. Una cosa es que haya competencia fiscal entre paises dentro de límites razonables, y otra es que haya enclaves (muchos de ellos curiosamente con pasado de enclaves piratas) donde se pague muchísimo menos. Para mi no hay duda de que con el tiempo se eliminarán, y de que si existen es porque benefician a los intereses de grupos muy poderosos, por ello siempre hay un paraiso al lado de los grandes paises. Si la doctrina neoliberal defiende estos enclaves lo que hace es retratarse como la defensa de los intereses de las rentas muy muy altas.

  3. laissez faire's Gravatar laissez faire
    10 abril, 2012 at 16:57 | Permalink

    Los “refugios fiscales” no nos engañemos, existen porque las grandes potencias así lo han querido. No olvidemos que Francia (con Mónaco), Inglaterra (con Gibraltar, Islas Malvinas), Bélgica o Luxemburgo tienen paraísos fiscales más laxos que la vilipendiada Suiza o Liechtenstein. También cumplen un papel mucho más delicado para los gobiernos de todo el mundo: operaciones financieras delicadas (servicios secretos, ayudas confidenciales a dirigentes de otros países, financiación de compras legales de armas, etc). Por lo tanto mientras sigan existiendo estas necesidades habrá “refugios fiscales”.
    Muy buen articulo, ya que lo facil es demonizar estos temas y siempre es enriquecedor, ir mas alla de lo corriente.
    Mi enhorabuena.

  4. minombreeslegión's Gravatar minombreeslegión
    10 abril, 2012 at 20:54 | Permalink

    El problema no es tanto que a través de ciertos fondos una parte mínima de las rentas medias pueda acceder a esos paraisos, sino la cantidad que deja de abonarse a las Haciendas como la española por culpa de esos entresijos, y que a la larga provocan que las clases medias y bajas hayan de pagar más en sus paises. Si de golpe desapareciesen estos enclaves está claro que subiría la recaudación en España y se podrían bajar los impuestos. Y luego está el aspecto más importante: ¿cómo se puede defender un enclave como Gibraltar donde hay más supuestas empresas que personas? ¿Su actividad es económica o simplemente se crean para no pagar impuestos? Me parece muy acertada la opinión de quien afirma que esto no es sino volver al antiguo regimen. Por un lado estamos los pecheros que cargamos con el fisco, y por otro los hijosdalgo que como siempre se salen con la suya y no pagan un duro al Estado del que se benefician en muchísimos aspectos.

    • Ho Pin's Gravatar Ho Pin
      10 abril, 2012 at 21:07 | Permalink

      Las rentas medias y bajas no pagan más impuestos porque existan los paraísos fiscales. Pagan más impuestos por el brutal gasto público. Es increíble que haya calado el mensaje de que los paraísos fiscales son parte del problema y no parte de la solución. En mi segundo país, que no está considerado un paraíso fiscal ni de lejos, el IVA es del 5%, el IRPF para una renta que en España tributa al 35%, es aproximadamente un 15%. El nivel de fraude fiscal -defensa fiscal sería más correcto-, es bastante pequeño y no porque no existan paraísos fiscales disponibles, sino porque no existe el mismo incentivo que en España. Por cierto, el desempleo no llega al 5%.

  5. minombreeslegión's Gravatar minombreeslegión
    11 abril, 2012 at 9:36 | Permalink

    No es que me guste mucho la gestión de Obama, pero no va a ayudar a Mitt en su lucha imposible por la Casa Blanca el asunto del paraiso fiscal. Es escandaloso que un candidato a presidente elija otro pais para pagar los menos impuestos posibles. En el pecado llevará la penitencia. El asunto será legal, pero como dice el filósofo Javier Gomá los políticos han de seguir el principio de ejemplaridad. ¿Es eso un comportamiento ejemplar? No, conclusión: pérdida merecida de cientos de miles de votos.

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Diego Sánchez de la Cruz es periodista especializado en Economía y Relaciones Internacionales y miembro del Instituto Juan de Mariana. Completó su licenciatura en la Universidad Antonio de Nebrija (Madrid) y la Universidad de San Diego (EEUU), y es Máster en Relaciones Internacionales por el Instituto de Empresa (IE). También ha completado estudios de Postgrado en la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) y la George Washington University. Las opiniones reflejadas en este blog son personales.




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