Liberalismo y Relaciones Internacionales

Diario de archivos marzo 21st, 2012

Hace meses, David Cameron se sentó con los representantes de ocho países escandinavos y bálticos para hablar sobre las reformas de liberalización que han acometido estos gobiernos. Cierto es que había otros temas sobre la mesa: la Alianza Atlántica, las relaciones con la Unión Europea, las tensiones con Rusia, la necesidad de integrar políticas energéticas… Sin embargo, la conversación giró alrededor de las reformas liberales que han aplicado muchos de estos países en los últimos años.

Como escribió el semanario británico The Economist, “este grupo de países sabe que el mundo no va a ir a ellos, de ahí su obsesión por abrir el comercio, ganar competitividad, mejorar su tecnología… Muchos de estos países son portavoces de la apertura económica y la disciplina fiscal en Europa”.

Lo cierto es que, hasta los años 90, la izquierda socialista y socialdemócrata miraba a muchos de estos países como ejemplos a seguir. Sin embargo, el colapso del “Estado del Bienestar” vivido por países como Suecia ha convertido al Norte de Europa en un excelente laboratorio del éxito que tienen las políticas socioeconómicas de corte liberal.

Así, aunque el Norte de Europa aún se caracteriza por una elevada presión tributaria, los últimos años han estado marcados por un continuo movimiento hacia el liberalismo. En Dinamarca, por ejemplo, se ha acabado con su viejo problema de desempleo introduciendo un modelo laboral en el que se mantiene la prestación pero el despido es libre y gratuito para el empleador.

Noruega no se ha quedado atrás, y se ha confirmado en los últimos años como un gran ejemplo de aperturismo y liberalización. Igualmente, Finlandia ha bajado impuestos y devuelto sectores de actividad a la economía privada mientras ha conseguido brillar con luz propia gracias a su reforma educativa.

Suecia es, eso sí, el mejor ejemplo del éxito que pueden tener iniciativas como el “cheque escolar”, promovido por gigantes del liberalismo como Milton Friedman y asumido por la gran mayoría de los suecos como un gran paso adelante. Igualmente, los suecos han bajado los impuestos, introducido un “cheque sanitario” para mejorar la prestación de dichos servicios y reformado su sistema de pensiones para introducir algunos elementos del admirado “modelo chileno” de capitalización.

Cierto es que aún queda mucho trabajo por hacer, como ha señalado Carlos Rodríguez Braun recientemente. En Suecia, por ejemplo, los impuestos aún suponen el 47% del PIB, pero es justo reconocer que no hace tantos años eran el 60%. En cualquier caso, es evidente que los países escandinavos están corrigiendo los excesos intervencionistas de la segunda mitad del S. XX a base de inteligentes reformas basadas en la libertad.

Esto supone un cambio de mentalidad importante. El viejo modelo del “Estado del Bienestar” creyó posible fomentar la libertad desde el paternalismo estatal. Así acabó consolidándose un modelo tan intervencionista que acabó por matar la ventaja social y económica que habían acumulado los países escandinavos desde su primer despegue capitalista.

Ahora, el “nuevo capitalismo nórdico” asume que el Estado debe adelgazar y replegar sus velas para abrir paso al sector privado, más eficiente y dinámico incluso en los sectores de la Educación, la Sanidad o las Pensiones, tres ámbitos en los que el viejo paradigma del “Estado del Bienestar” asumía que los políticos lo harían mejor.

Este “nuevo capitalismo nórdico” de los países escandinavos coincide con las naciones del Báltico en su apuesta por la apertura comercial y la liberalización. Sin embargo, la situación que enfrentan los gobiernos de Estonia o Letonia es diferente: se trata de economías más jóvenes, que acumularon años de retroceso debido al yugo del comunismo soviético.

Esta herencia es un caldo de cultivo para que políticos demagogos conviertan el viejo paternalismo soviético en un nuevo modelo intervencionista disfrazado de democracia. Sin embargo, al igual que ha ocurrido en otras ex repúblicas soviéticas como Georgia, los dirigentes del Báltico están apostando por la consolidación fiscal y la apertura económica como vías de desarrollo.

El camino no es fácil: como ha señalado Juan Ramón Rallo, el PIB de Estonia, Letonia y Lituania sufrió una caída aproximada del 20% entre 2008 y 2010. Sin embargo, la mezcla de flexibilidad privada y verdadera austeridad pública ha permitido que en 2011 se hayan apreciado crecimientos cercanos al 7%, confirmando la solidez de las economías que han enfrentado la Gran Recesión apostando por más libertad económica y menos intervencionismo estatal.

¿Se atreverá David Cameron a apostar por este camino para Gran Bretaña? La respuesta a esta pregunta no está del todo clara. Los conservadores británicos ya lo hicieron bajo el liderazgo de la “Dama de Hierro”, Margaret Thatcher, que heredó un gasto público del 46% y lo situó en un 34% después de su paso por el número 10 de Downing Street.

Aquellas reformas liberales permitieron la creación de dos millones de trabajos y el nacimiento de medio millón de nuevas empresas. También permitieron un importante cambio de mentalidad en una sociedad que pasó de aceptar el paternalismo estatal y el corporativismo sindical como ejes de vertebración a abrazar el capitalismo popular como camino a la prosperidad. ¿El resultado final? Gran Bretaña pasó del colapso socioeconómico a la prosperidad y el crecimiento en apenas diez años.

Cameron tiene suficientes ejemplos disponibles. Puede mirar a Escandinavia, y aprender de las reformas liberales que han introducido al sector privado en el “Estado del Bienestar”. Puede mirar al Báltico, y aprender del rigor presupuestario y la flexibilización económica que han permitido capear la crisis con éxito. Y puede mirar a las filas de su partido e inspirarse en muchas de las recetas económicas de Lady Thatcher.

Sea cual sea su fuente de inspiración, Gran Bretaña estará mejor siguiendo cualquiera de estos ejemplos que manteniéndose en una tibia posición que, si bien frena la tendencia intervencionista de Gordon Brown, no es capaz aún de comandar un giro de corte liberal al rumbo del Reino Unido.

La conversación sigue en Twitter: #LET (Liberales en Twitter).



Diego Sánchez de la Cruz es periodista especializado en Economía y Relaciones Internacionales y miembro del Instituto Juan de Mariana. Completó su licenciatura en la Universidad Antonio de Nebrija (Madrid) y la Universidad de San Diego (EEUU), y es Máster en Relaciones Internacionales por el Instituto de Empresa (IE). También ha completado estudios de Postgrado en la Universidad Pontificia Comillas (ICADE) y la George Washington University. Las opiniones reflejadas en este blog son personales.




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